Mario Bunge: una introducción biográfica

 

imgMario%20Bunge3Mario Bunge es uno de los filósofos de la ciencia más prestigiosos a nivel mundial, así como el creador de uno de los sistemas filosóficos más completos, elaborados, coherentes y empíricamente fundados de los últimos cincuenta años. Pero Bunge no es sólo un filósofo extraordinario, sino asimismo un científico de alto nivel. Sus publicaciones de física, filosofía, psicología, sociología y fundamentos de biología son increíblemente numerosas, e incluyen un enciclopédico Tratado de Filosofía Básica en ocho volúmenes.  El hilo unificador de su carrera académica es el progreso constante y vigoroso del proyecto de la Ilustración, y la crítica de los movimientos culturales y académicos que niegan o devalúan los principales hitos de ese proyecto: a saber, el naturalismo o materialismo, la búsqueda de la verdad, la universalidad de la ciencia, la racionalidad y el respeto por los individuos. En una época en que la especialización estrecha es obligada y sus efectos deletéreos se hacen notar sobre la ciencia, la filosofía de la ciencia, la investigación educativa y la enseñanza de la ciencia, es saludable y reconfortante ver los frutos de la búsqueda emprendida por un sabio para construir una gran cosmovisión científica y filosófica digna de nuestro tiempo.

 

Willard Van Orman Quine, en su autobiografía The Time of My Life (1985), menciona su asistencia al Congreso Filosófico Sudamericano de 1956 en Santiago de Chile. Lo único de la reunión que Quine pensó que valía la pena recordar fue su observación de que:


La estrella del congreso filosófico fue Mario Bunge, un joven argentino enérgico y contundente, con una amplia formación y unos extensos, si no omniabarcadores, intereses intelectuales. Bunge sentía que la carga de llevar al continente sudamericano hasta un nivel científico e intelectual equiparable al del EEUU y Europa parecía descansar sobre sus hombros. Intervino con elocuencia en la discusión de casi cada una de las ponencias.

 

El congreso se celebró hace casi cincuenta años, cuando Bunge estaba en la mitad de su treintena; ahora Bunge ha sobrepasado el umbral de los 90 años con su energía intelectual intacta. El hilo central de la vida académica de Bunge ha sido siempre estudiar y aprender sobre la interacción entre ciencia y filosofía, y luego defender lo mejor de ambas. Su estilo filosófico se caracteriza por la rigurosa atención al detalle, utilizando la lógica para alcanzar la mayor claridad posible de pensamiento y eliminar el ruido de los argumentos poco sólidos, y esforzándose por alcanzar una posición intelectual holista y coherente en la que la ontología, la epistemología, la semántica y la psicobiología avancen todas juntas y se refuercen mutuamente.

 

Carrera Académica


Bunge es Profesor Frothingham de Lógica y Metafísica en la Universidad McGill de Montreal. Su carrera académica comenzó como profesor asistente de física experimental en la Universidad de La Plata (1941). Como ayudante dio clases de física matemática en la Universidad de Buenos Aires (1947-52). En 1956 fue nombrado profesor de física teórica en las universidades de Buenos Aires y La Plata. En 1957 ganó la cátedra de filosofía de la ciencia en la Universidad de Buenos Aires, y un año más tarde abandonó su cátedra de física para centrarse en la filosofía. Sin embargo, volvió a la enseñanza tanto de la física como de la filosofía durante una serie de breves estancias en EEUU. En 1966 se convirtió en profesor de filosofía en la Universidad McGill de Montreal, y en 1969 llegó a ser Jefe del Departamento de Fundamentos y Filosofía de la Ciencia. En McGill enseñó una docena de cursos de filosofía diferentes. También hizo visitas como docente a Uruguay, México, Alemania, Dinamarca, Suiza e Italia, y dio conferencias en una docena de países diferentes. En 2001 fue profesor visitante en la Universidad de Nueva Gales del Sur.

 

Publicaciones


Bunge es autor o editor de más de 50 libros --incluyendo cuatro grandes libros en la última década-- y de más 500 artículos científicos y filosóficos --incluyendo varios artículos de filosofía, física y ciencia social publicados en los cinco últimos años. Sus artículos han aparecido en las principales revistas de filosofía, filosofía de la ciencia, física teórica, química, neurociencia, ciencia cognitiva, matemáticas, psicología y sociología.


Entre sus libros en lengua inglesa se encuentran: Causalidad: El Principio de Causalidad en la Ciencia Moderna (1959), Intuición y Ciencia (1962), La Investigación Científica (1967), Fundamentos de Física (1967), Filosofía de la Física (1973), El Problema Mente-Cuerpo (1980), Materialismo y Ciencia (1981), Filosofía de la Psicología (1987, con Rubén Ardila), Tratado de Filosofía Básica (ocho volúmenes, 1974-1989), Buscar la Filosofía en las Ciencias Sociales (1996), Fundamentos de Biofilosofía (con Martin Mahner, 1997), Sistemas Sociales y Filosofía (1998), La Relación entre la Sociología y la Filosofía (1999), Crisis y Reconstrucción de la Filosofía (2000), Emergencia y Convergencia (2004), A la Caza de la Realidad (2006) y Filosofía Política (2008). Muchos de estos libros han aparecido en español, portugués, alemán, italiano, francés, polaco, ruso y húngaro. Asimismo, ha publicado otros libros que han aparecido en español y en otras lenguas.


Sus libros editados incluyen: The Critical Approach: Essays in Honor of Karl Pop­per (1964), Quantum Theory and Reality (1967), Delaware Seminar in the Found­ations of Physics (1967), Exact Philosophy (1973), Problems in the Foundations of Physics (1971), y The Methodological Unity of Science (1973).


Bunge es fundador de la Sociedad para la Filosofía Exacta; co-fundador de otras tres sociedades académicas; miembro de la Sociedad Real de Canadá y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia; ha recibido las becas de investigación Guggenheim y  Killam, el Premio Príncipe de Asturias, y cinco doctorados honoris causa.

 

Educación Temprana


Mario Bunge nació en Buenos Aires en 1919, hijo único de Marie, que había sido enfermera en Alemania, y de Augusto, médico, sociólogo, escritor y político. Su abuelo había sido Presidente del Tribunal Supremo de Argentina. Su padre fue el primer senador socialista de Argentina; encarcelado por apoyar el activismo sindical, murió algunos años más tarde a consecuencia de una enfermedad contraída en la prisión. El padre deseó que su hijo fuera un “ciudadano del mundo”. Desde temprana edad, Bunge fue sometido a un exigente programa de lectura de obras literarias en seis lenguas: español, inglés, francés, italiano, alemán y latín. Este temprano multilingüismo fue una ventaja inestimable para su educación, permitiéndole leer directamente a los clásicos y los modernos. Ello también le liberó de depender de los juicios comerciales e ideológicos que decidían qué los libros serían traducidos y publicados en español --Argentina, en los años 1920 y 1930, no era precisamente una sociedad abierta y progresista. Su lectura de Heisenberg no tuvo que esperar a las traducciones españolas, ni tampoco su lectura de los principales filósofos europeos y angloamericanos. El griego moderno y el portugués se añadieron más tarde a su repertorio lingüístico.


Bunge siempre fue muy crítico con las limitaciones monolingües de la mayor parte de los académicos angloamericanos, para los que el mero bilingüismo ya es un logro considerable. En una reciente revisión de un importante libro sobre sociología de la filosofía, Bunge se lamenta de que “todo lo que el autor cita es en inglés, aun cuando las traducciones disponibles son evidentemente poco fiables --como ocurre con Kant, Hegel, Frege, Husserl y Heidegger”. Bunge critica al autor porque, al hablar de Descartes, olvida mencionar dos de sus obras más influyentes. Considerando la razón de esto, Bunge escribe: “¡Quiero arriesgar una conjetura: no conoce su existencia porque hasta muy recientemente no estaban disponibles en versión inglesa!”

 

En la educación secundaria, Bunge se interesó por la física, la filosofía y el psicoanálisis, y escribió una extensa crítica de éste. En 1938 fue admitido en la Universidad Nacional de La Plata, donde estudió física y matemáticas. Poco después fundó la Escuela Obrera, que fue cerrada por el gobierno cinco años más tarde, cuando tenía 1.000 estudiantes matriculados. Los estudiantes asistían a las clases al final de su jornada laboral. Bunge y sus colegas daban clases de ciencia básica, historia del movimiento obrero, legislación laboral, economía y economía política. Esto ocurría en una cultura donde una iglesia conservadora y reaccionaria, y un gobierno correspondientemente conservador y reaccionario (Argentina apoyaba el fascismo de Hitler, y mantuvo relaciones diplomáticas con Alemania hasta 1944), estimulaba muy poco la ciencia y menos aún la educación de los trabajadores o su emancipación. De 1942 a 1944, Bunge fue Secretario General de la Federación Argentina de Sociedades Populares de Educación. Durante este tiempo escribió su primer libro, Temas de Educación Popular (1943), que trata de los principios y la práctica de la educación popular (de los trabajadores).

 

Durante los años de estudiante de Bunge, la filosofía argentina, y de hecho la mayor parte de la filosofía latinoamericana, estaba dominada por la Escolástica y el neotomismo de seminario, junto con la Fenomenología y otras corrientes idealistas, incluyendo el Hegelianismo. Como Quine había observado, en aquel tiempo la filosofía sudamericana iba muy por detrás de su homóloga americana y británica. Bunge estudió la filosofía “moderna” de forma autodidacta, y a la edad de 20 años dio sus primeras conferencias públicas sobre el tema. En 1943 comenzó a trabajar en los problemas de la física nuclear y atómica bajo la dirección de Guido Beck (1903-1988), un refugiado austriaco alumno de Heisenberg, inventor del modelo de capas del núcleo atómico, el primero en proponer la existencia del positrón, y un profesor a quien Bunge siempre agradeció el “enseñarme a no permitir que la política se entrometiera en el camino de la ciencia”. En 1944, Bunge lanzó la revista filosófica Minerva, que tuvo seis números. Su misión era defender el racionalismo contra las fuerzas irracionalistas y antiintelectuales predominantes en Argentina durante el período de la Segunda Guerra. Nueve años más tarde, pasó varios meses en la cárcel acusado de “apoyar una huelga ilegal”.


Bunge obtuvo su Doctorado en Física en 1952, en la Universidad de La Plata, con una disertación sobre la cinemática del electrón relativista; la disertación fue publicada como libro en 1960. Posteriormente, solo o conjuntamente con su ex-alumno Andrés J. Kalnay y otros científicos, publicó varios artículos sobre diversos problemas de la mecánica cuántica: el spin total de un sistema de partículas, el defecto de masa del átomo H, las nuevas constantes del movimiento, la paradoja del Quantum Zeno, el proceso de medición, etc.

 

Defensa del Proyecto de la Ilustración


La producción académica de Bunge es prodigiosa, y sus logros muy notables. Pero una lectura ocasional de cualquiera de sus obras revela inmediatamente que Bunge no es sólo un vasto erudito, al menos en el sentido de haberse limitado a estudiar una amplia variedad de materias. Como Quine señaló, hay un aspecto “omniabarcador” en el trabajo de Bunge,  algo que se deriva de su compromiso con el proyecto de la Ilustración: un proyecto que comenzó en el siglo XVII y floreció en el XVIII. En un ensayo  titulado ‘La Contrailustración en los Estudios Sociales Contemporáneos’ (recogido como capítulo en La Relación entre la Sociología y la Filosofía, 1993), Bunge escribe:


La Ilustración nos dio la mayor parte de los valores básicos de la vida civilizada contemporánea, tales como la confianza en la razón, la pasión por la investigación libre y el igualitarismo. Desde luego, la Ilustración no lo hizo todo por nosotros: ningún movimiento social puede hacerlo todo él solo por la posteridad --no hay ningún fin de la historia. Por ejemplo, la Ilustración no previó los abusos de la industrialización, no acentuó suficientemente la necesidad de la paz, exageró el individualismo, alabó la competencia a costa de la cooperación, no fue lo bastante lejos en la reforma social, y no se preocupó mucho por las mujeres o por los pueblos subdesarrollados. Sin embargo, realmente la Ilustración perfeccionó, elogió y difundió los principales instrumentos conceptuales y morales para avanzar más allá de sí misma.


Bunge cree (contra los constructivismos y relativismos contemporáneos) que la ciencia puede darnos, y de hecho nos da, un conocimiento verdadero sobre el mundo natural y social; y que este conocimiento es la única base sólida para la reforma social y política, así como para la mejora personal. Por consiguiente, Bunge es un crítico, ciertamente mordaz, de las fuerzas sociales y de los movimientos académicos que disminuyen la autoridad intelectual de la razón y de la ciencia. Así, en sus libros Sistemas Sociales y Filosofía, Buscar la Filosofía en las Ciencias Sociales y La Relación entre la Sociología y la Filosofía,  pueden encontrarse críticas detalladas de las siguientes escuelas:


Nueva Sociología de la Ciencia (NSS) - “... cualquiera que tenga una mínima formación científica se verá obligado a considerar la mayor parte de la producción actual en este campo como  una caricatura grotesca de investigación científica”. “La NSS está infectada de conductismo y pragmatismo. Como sabemos por la historia de la psicología, el primero es una garantía de falta de profundidad psicológica, porque ignora por completo los procesos mentales... Sabemos por la filosofía de la ciencia que [el pragmatismo] no valora la investigación científica porque reduce al mínimo el papel de la teoría e identifica el significado con el operacionalismo y la verdad con la eficacia. No hay nada de asombroso, entonces, en que la NSS sea característicamente superficial” .

 

Etnometodología - “Pasan por alto el contexto macrosocial y no están interesados en ninguna gran cuestión social”.

 

Teoría Feminista Radical - “Quieren minar la ciencia, no hacer que progrese. De este modo, hacen un pobre servicio a la causa del feminismo político”.


Teoría Crítica - “Al rechazar el acercamiento científico a las cuestiones sociales, los teóricos críticos [la Escuela de Frankfurt y sus seguidores] impiden la comprensión de tales cuestiones así como cualquier tentativa de abordarlas racionalmente y, por lo tanto, con eficacia”.


Fenomenología - “Se caracteriza por el espiritualismo y el subjetivismo, así como por el individualismo (tanto ontológico como metodológico) y el conservadurismo --ético y político—… no es una guía para ninguna política social que no sea el “orden público”.


Teoría de la Elección Racional - “La teoría de la elección racional ha sido un fracaso teórico y práctico... no es bastante racional… adopta el individualismo ontológico y metodológico... es demasiado ambiciosa... es triplemente ahistórica... sus hipótesis son empíricamente incontrastables... su expansión académica es un episodio tragicómico”. “Han declarado que no quieren quedar "atrapados dentro de la razón" --el reproche tradicionalista--, sólo para quedar atrapados dentro de los dogmas individualistas y utilitaristas, para invocar conceptos básicos borrosos y presuposiciones clave incontrastables, para idealizar el libre mercado, y para fracasar a la hora de representar la realidad”.


Probabilidades Subjetivas Bayesianas - “Cuando se enfrentan a la ignorancia o la incertidumbre, utilizan la probabilidad –-o, más bien, su propia versión de la misma. Ello les permite asignar probabilidades previas a los hechos y proposiciones de una manera arbitraria --lo que es un modo de hacer pasar la mera intuición, el presentimiento o la conjetura por hipótesis científica”.


Conductismo - “Al desechar la motivación, el afecto y la ideación, el conductista ofrece una descripción superficial y, en consecuencia, poco instructiva del comportamiento; se parece a una película muda y sin subtítulos” .


Sociología Hermenéutica - “Desalienta la observación objetiva, la medida y los modelos matemáticos en los estudios sociales. Además, esta metáfora es patéticamente inadecuada, ya que los grupos sociales no tienen propiedades sintácticas, ni semánticas, ni fonológicas, ni literarias. Su popularidad se debe únicamente al hecho de que no exige ninguna investigación empírica ni la elaboración de modelos matemáticos”.


Bunge siente simpatía por Marx y Engels, y en Sistemas Sociales y Filosofía escribe: “Fueron científicos sociales serios e importantes; empujaron al liberalismo hacia la izquierda; fueron materialistas coherentes; y escribieron con claridad sobre todo, excepto sobre dialéctica”. “Pero aprendieron de Hegel unas cuantas lecciones que viciaron su sistema entero”. Bunge no ve ningún aspecto rescatable en el neomarxismo ni en el marxismo estructuralista. Tampoco ve más que ofuscamiento intelectual en el movimiento neorromántico que “comenzó con la fenomenología de Husserl, fue seguido por el existencialismo de Heidegger y culminó en "el postmodernismo" y en el movimiento de la anticiencia y la antitecnología contemporáneas. Algunos de los nombres mejor conocidos de este movimiento son... Spengler, Althusser... Gadamer, Foucault, Derrida... Latour”. Bunge reconoce que la última lista comprende un grupo heterogéneo, pero:


comparten todos o casi todos los rasgos típicamente románticos. Éstos son: (1) la desconfianza en la razón y, en particular, en la lógica y la ciencia; (2) el subjetivismo, o la doctrina de que el mundo es nuestra representación; (3) el relativismo, o la negación de la existencia de verdades universales; (4) una obsesión con el símbolo, el mito, la metáfora y la retórica; y (5) el pesimismo, o la negación de la posibilidad de progreso --en particular en los asuntos de conocimiento.


En la tradición de la Ilustración, Bunge considera que la buena educación es esencial para el bienestar humano y la reforma social; sin embargo, gran parte de la educación que ve a su alrededor le desespera. Sobre las facultades universitarias de Humanidades, Bunge escribe lo siguiente en Sistemas Sociales y Filosofía:


Aquí encontrarás otro mundo, en el que las falsedades y las mentiras son toleradas, e incluso fabricadas en cantidades industriales. El estudiante imprudente puede matricularse en cursos sobre toda clase de fraudes y tonterías. Aquí algunos profesores son contratados, promovidos o habilitados para enseñar que la razón no tiene valor, que la evidencia empírica es innecesaria, que la verdad objetiva es inexistente, que la ciencia básica es un instrumento de dominación capitalista o masculina, o algo parecido... Éste es un lugar donde los estudiantes pueden obtener créditos aprendiendo viejas y nuevas supersticiones de casi todas clases, y donde pueden desaprender a escribir para sonar como fenomenólogos, existencialistas, deconstruccionistas, etnometodólogos o psicoanalistas.”

Mario Bunge: una introducción biográfica (II)

 

Crítica de la Ciencia 

mario-bunge Lo anterior permite hacerse una idea de contra qué está Mario Bunge: a saber, contra la mayor parte de las modas en la filosofía y la ciencia social contemporáneas. Pero Bunge no es un simple fanático de la ciencia, en el sentido de apoyar siempre de manera incondicional todo lo que sea la actual ortodoxia, todo lo defendido por el establishment científico y académico en cualquier campo y en cualquier momento o situación. Bunge es igualmente crítico con las tendencias existentes dentro de la ciencia que él considera filosóficamente ingenuas, inconsistentes, incoherentes o completamente despreocupadas por completar el gran cuadro ontológico y epistemológico que es el objetivo de la buena ciencia.


Karl Popper, en su autobiografía Unended Quest (Búsqueda Inacabada, 1976), menciona a Bunge como uno de los “varios disidentes importantes que, después de la Segunda Guerra Mundial, se opusieron a la interpretación dominante de la teoría cuántica propuesta por Bohr y sus colegas de Copenhague”. El desacuerdo de Bunge se deriva de su oposición a los programas que aceptan la limitación positivista de la posibilidad del conocimiento de los mecanismos explicativos no visibles, y que insisten dogmáticamente en que el objeto del conocimiento es la experiencia antes que la realidad.


Bunge se opone a todos los programas científicos que aceptan el modelo empirista de la causalidad. Uno de los libros principales de Bunge, Causalidad: el Principio de Causalidad en la Ciencia Moderna (1959), traducido a numerosos idiomas, es una rigurosa demolición de la concepción empirista de la causalidad inspirada por Hume, de la cual afirma que "ha sido tan errónea como célebre". En el mencionado libro, Bunge propone su propia concepción sistemática de la causalidad, que reconoce la ubicuidad del azar y la espontaneidad, pero "lejos de volvernos indeterministas, hemos enriquecido el determinismo mediante nuevas categorías de determinación no causal".


Bunge se opone a los programas científicos que son inadecuadamente reduccionistas, al ignorar la emergencia de las propiedades y cualidades de los elementos existentes, o al insistir en reducir lo irreductible. Distingue la reducción, como operación epistémica, del reduccionismo, como programa de investigación. En cuanto a la reducción, decir que A es reductible a B significa que Todas las As son B, o que A está incluida en B, o que A es una especie del género B. Por ejemplo, "los cuerpos celestes son cuerpos ordinarios que satisfacen las leyes de la mecánica", "el calor es el movimiento molecular azaroso",  "los rayos de luz son paquetes de rayos electromagnéticos", etc. En contraste, el reduccionismo es un programa de investigación o un principio metodológico según el cual la reducción es en todos los casos necesaria y suficiente para explicar un conjunto y todas sus propiedades (Materialismo y Ciencia, 1981). Aunque el reduccionismo deba promoverse en la medida de lo posible, nunca puede ser completamente exitoso porque todas las cosas reales están integradas en algún sistema de nivel superior e interactúan con los elementos de dicho sistema.


Los dos puntos principales en el acercamiento crítico a la ciencia propuesto por Mario Bunge son los siguientes: primero, no toda ciencia es buena ciencia; segundo, hacer buena ciencia no garantiza la capacidad de articular una buena filosofía. En un artículo sobre  el concepto de “energía”, escrito para la revista Science & Education (2001), Bunge escribe:


Los escritorzuelos de la New Age no tienen el monopolio de las tonterías que se dicen sobre la energía. Los físicos descuidados han producido muchas de esas tonterías. De hecho, la energía se confunde a menudo con la radiación, y la materia con la masa.

 

A continuación, Bunge discute una serie de errores conceptuales sobre la energía que se encuentran en muchos manuales de física universitarios. Bunge cree que las declaraciones filosóficas y los argumentos de los grandes científicos, y más aún de quienes no son tan grandes, necesitan ser examinados y evaluados con atención. Los científicos son tan filosóficamente falibles como cualquier otra persona. Lo anterior fue demostrado hace sesenta años por Susan Stebbing, en su crítica clásica del idealismo de dos físicos británicos enormemente populares, James Jean y Arthur Eddington. En su libro Filosofía de la Física (1975), Bunge escribió de forma similar sobre la crítica que el gran físico Ernst Mach hiciera de la mecánica newtoniana:


Los errores de Mach en su crítica de la mecánica newtoniana --su contribución más distinguida a la investigación de los fundamentos de esta ciencia-- pueden corregirse con la ayuda de un poco de lógica, un poco de semántica y una dosis de realismo. Un estudio crítico del trabajo de Mach acerca de los fundamentos de la mecánica sería provechoso, aunque sólo fuera para no repetir sus errores, que fueron los característicos de una filosofía que desconfía totalmente de las ideas. Si usted ignora toda la filosofía, será esclavo de una mala filosofía.

 

Estilo Argumentativo


Joseph Agassi y Robert Cohen, en su introducción al libro Scientific Philosophy Today: Essays in Honor of Mario Bunge (1982), dicen de Bunge que "apoya la filosofía exacta, la filosofía clásica liberal social, el racionalismo y la Ilustración", y asimismo comentan que “es propenso a llegar a conclusiones decisivas y aceleradas sobre la base de aquellos argumentos que le parecen válidos... es enérgicamente autónomo en su juicio". “Exactitud” y “aceleramiento” son términos recurrentemente utilizados para describir el estilo de Bunge. En 1978 se produjo una famosa escena que ocupó la primera página de un periódico de la ciudad. En el Congreso Internacional de Filosofía celebrado en Düsseldorf, Alemania, Sir John Eccles --famoso neurofisiólogo que había colaborado con Karl Popper en la articulación de una teoría dualista e interaccionista de la mente, y que a la sazón acababa de recibir el Premio Nobel-- fue invitado a pronunciar la conferencia de apertura. En vez de la deferencia habitual que podría esperarse hacia un recién laureado con el Premio Nobel, Bunge, que se hallaba entre el público, se levantó y acusó a Eccles de incoherencia filosófica y de obstaculizar el progreso del estudio científico de la mente. Muchos filósofos, incluyendo los que estaban de acuerdo con la crítica de Bunge, pensaron que aquélla no era la ocasión de airear tales argumentos. Pero Bunge tenía un estilo diferente.


Todas las personas que han tratado a Mario Bunge señalan que, en las transacciones personales, Bunge se muestra cortés, atento y preocupado por el bienestar de los que le rodean; sin embargo, en lo referente al debate académico, Bunge cree que los argumentos deben expresarse con tanta claridad y exactitud como sea posible, y que deben ser sostenidos con vehemencia siempre que su veracidad esté garantizada. No parece sentir ningún respeto por los escritos y argumentos de “tono suave”. En vez de decir "se podría pensar que hay una debilidad en su argumento", prefiere el más directo "su argumento es débil". En vez del consenso cálido y amable acerca de afirmaciones que no pueden ser contrastadas, Bunge busca hipótesis claras y específicas que pueden ser contrastadas mediante la evidencia disponible. Este estilo ha tenido su precio profesional: probablemente tenga algo que ver con el hecho de que su extenso e informado corpus académico no haya sido tan bien recibido como cabría esperar.

 

Filosofía de la Física


Uno de los primeros libros importantes de Bunge fue Fundamentos de Física (Bunge 1967), escrito en Friburgo bajo los auspicios de la Fundación Alexander von Humboldt. Este libro expone un nuevo tipo de Física axiomática, en el que cada fórmula es acompañada por una asunción semántica que aclara el significado físico de los conceptos básicos (primitivos). Este trabajo ha sido puesto al día en años recientes por el mexicano Guillermo González Covarrubias y el argentino Héctor Vucetich.


FisAtomos En 1953, Bunge trabajó sobre los problemas del realismo y la causalidad en la teoría cuántica, durante una estancia de seis meses en Brasil con David Bohm (Bohm era entonces un fugitivo de la Comisión McCarthy de los EEUU). En 1951 Bohm trató de reintroducir los conceptos clásicos de posición y velocidad en la teoría cuántica, presentándolos como "variables ocultas, que son variables dinámicas con dispersión cero". Durante un tiempo, Bunge adoptó y enseñó la teoría de Bohm. Pero finalmente llegó a la conclusión de que aunque Bohm, igual que Einstein y de Broglie, tenía razón en la defensa del realismo, se equivocó al sostener que el realismo exige que toda variable dinámica tenga un valor preciso en cualquier circunstancia y en cualquier momento. Bunge adoptó la postura de que la ocurrencia misma de la extensiones de la dispersión en Ap (momento) y Ax (posición) sugiere que la mecánica cuántica trata con entidades sui generis, que no son ni partículas clásicas ni ondas clásicas. Al ser sui generis, Bunge pensó que estas cosas merecían un nombre propio, y sugirió el de \'cuantón\'. Los cuantones son peculiares, en el sentido de que no son entidades clásicas, pero ello no significa que sean fantasmales o erráticos; y tampoco significa que la mecánica cuántica nos ofrezca una imagen subjetivista, indeterminista e inmaterial del mundo.


En 1966 y 1969, Bunge debatió en persona sobre física cuántica con el mismísimo Werner Heisenberg, y más tarde contribuyó a un libro colectivo en homenaje a Heisenberg. Un aspecto que Bunge hace notar una y otra vez acerca de Heisenberg es que su merecidamente famoso “Principio” --Ap.Ax> h/47r (el producto de las dispersiones en los valores del momento (y por tanto de la velocidad) y la posición de una micropartícula es al menos h/47r, donde h es la constante de Planck)-- no es en absoluto un principio sino más bien un teorema. Se trata de una fórmula derivada que se sigue rigurosamente de los axiomas y las definiciones de la mecánica cuántica. Puesto que la fórmula es un teorema, para interpretarlo correctamente hay que examinar las premisas de las cuales se deriva. Bunge mantiene que dicho examen demuestra que la fórmula es bastante general. En particular, no se refiere a una partícula bajo observación, sino que es una ley de la naturaleza, igual que la ecuación de Schrödinger, que es la fórmula básica de la mecánica cuántica no relativista. Así pues, el popular nombre “Principio de Incertidumbre” es incorrecto. Como Bunge advierte, la incertidumbre es un estado de ánimo, y la mecánica cuántica no trata sobre mentes sino sobre cosas físicas, la mayor parte de las cuales están más allá del alcance del experimentador.


En su libro de 1967, Bunge rechazó tanto la interpretación de Copenhague como la teoría cuántica de Bohm, y propuso su propia interpretación realista. Ésta mantiene el formalismo matemático, pero modifica la interpretación positivista propuesta por Bohr, Heisenberg, Pauli y Born. Por ejemplo, Bunge interpreta el cuadrado del valor absoluto de la función de estado no como la probabilidad de descubrir el objeto en cuestión en una unidad de volumen (una noción intrínsecamente subjetiva), sino como la probabilidad de que el objeto esté ahí (una noción objetiva). Bunge argumenta que los electrones y entidades similares no son ni partículas ni ondas, aunque se aparezcan como tales en circunstancias especiales. Hablar de ondas y de partículas es algo metafórico, una alusión a las nociones clásicas de las cuales surgió la mecánica cuántica. Bunge acuñó el término \'cuantón\' para denotar estas entidades no clásicas, y mantuvo que la teoría cuántica madura no tiene ninguna necesidad de las metáforas clásicas, del mismo modo que la electrodinámica madura no tiene ninguna necesidad de análogos mecánicos.

 

Un Sistema y un Programa Filosófico


Bunge ha desarrollado un sistema filosófico que puede ser caracterizado como materialista (o naturalista), pero emergentista y no reduccionista; sistémico y no holista ni individualista; racioempirista y no racionalista ni empirista; basado en la ciencia; y exacto, es decir, construido con la ayuda de instrumentos lógicos y matemáticos en vez de depender de una formulación puramente verbal. En Crisis y Reconstrucción de la Filosofía (2000) Bunge mantiene que:


La física no puede prescindir de la filosofía, del mismo modo que ésta no puede progresar si ignora la física y las demás ciencias. En otras palabras, la ciencia y la filosofía sólida (i.e., científica) se solapan parcialmente y, por consiguiente, pueden interactuar de manera fructífera. Sin la filosofía, la ciencia pierde profundidad; y, sin la ciencia, la filosofía se estanca.


Su sistema es presentado con todo detalle en su  monumental Tratado de Filosofía Básica (1974-1989), en ocho volúmenes (de los cuales sólo dos se han traducido hasta ahora al español), y cuyos tomos individuales están dedicados a la Semántica, la Ontología, la Epistemología, la Filosofía de la Ciencia y la Ética. Bunge ha aplicado su enfoque sistemático a los problemas de la física, la biología, la psicología, las ciencias sociales, los estudios de tecnología y la ciencia política. Una fuente accesible para conocer su posición es la colección de ensayos titulada Scientific Realism: Selected Essays of Mario Bunge (Mahner, 2001): los ensayos recorren más de nueve campos de la filosofía --la Metafísica u Ontología, la Metodología y la Filosofía de Ciencia, la Filosofía de las Matemáticas, la Filosofía de la Psicología, la Filosofía de la Ciencia Social, la Filosofía de la Tecnología, la Filosofía Moral, y la Filosofía Social y Política.


Bunge cree que las lecciones aprendidas a raíz de los éxitos obtenidos con gran esfuerzo en las ciencias naturales deberían ser aplicables a la ciencia social; el esquema de investigación forjado por lo mejor de las ciencias naturales puede y debe ser aplicado a los ámbitos sociales y psicológicos.


Junto con la insuficiente financiación, Bunge considera que la mala filosofía es el obstáculo principal para el avance de las ciencias sociales. Bunge ve en la investigación social profundas carencias filosóficas de carácter lógico, ontológico, epistemológico y ético. Los defectos lógicos son la falta de claridad conceptual y la inferencia inválida; los culpables ontológicos son el individualismo y el holismo; los errores epistemológicos son el sectoralismo o la visión en túnel, el subjetivismo, el apriorismo, el pragmatismo y el irracionalismo. Asimismo, hay dos grandes estigmas morales que contribuyen al atraso de la ciencia social, según escribe Bunge en Sistemas Sociales y Filosofía (1998):

 

Uno es la violación frecuente del ethos de la ciencia, estudiado por primera vez por Merton (1938). Dicha violación ocurre, en particular, cuando se niega la universalidad del conocimiento científico, cuando el dogmatismo sustituye al \'escepticismo organizado\'... y  cuando se desechan las pruebas rigurosas, o al menos la contrastación empírica. El segundo culpable moral es la tentativa de hacer pasar la ideología (de izquierda, de centro o de derecha) por ciencia en la investigación básica, asumiendo a la vez el pretexto de la neutralidad moral o política cuando se abordan cuestiones prácticas. 

 

La Filosofía y la Enseñanza de la Física Cuántica


Para Bunge, los aspectos ontológicos, epistemológicos, semánticos y culturales de la teoría cuántica deben ser explicados con todo detalle y claridad en la enseñanza académica. A cualquier estudiante inquisitivo que aprenda física cuántica se le ocurrirán numerosas preguntas filosóficas, que a su vez tendrán mucho que ver con la historia de la investigación y con los intereses filosóficos de los gigantes de la física moderna --Einstein, Bohr, Planck, Heisenberg, Schrodinger, Born y Dirac. Como un célebre físico/filósofo, F. Rohrlich, ha escrito:

 

El desarrollo de la mecánica cuántica ha conducido a la mayor revolución conceptual de nuestro siglo, y tal vez a la mayor revolución que haya experimentado nunca la humanidad. Probablemente ha superado a las grandes revoluciones de nuestro pensamiento causadas por la revolución copernicana, la revolución darwiniana, y la teoría especial y general de la relatividad. La mecánica cuántica nos ha obligado a reconsiderar nuestras convicciones más profundas sobre la realidad de la naturaleza.

 

Bunge sostiene que la adecuada enseñanza de la teoría cuántica exige la incorporación de la historia y la filosofía de la ciencia en los currículos académicos. El profesor necesita conocer la historia y la filosofía de su materia para responder a las preguntas de los estudiantes más reflexivos y para despertar la curiosidad de los estudiantes menos inquisitivos. Sin lo anterior, dice Bunge, enseñar y aprender la teoría cuántica se convierte en un rutinario encadenamiento de lecciones de matemáticas avanzadas, mezcladas con historias extrañas de gatos que están mitad vivos mitad muertos, y de entidades diminutas que cambian de orientación en un lado del mundo porque sus entidades “hermanas” del otro lado del mundo han cambiado de orientación. La necesidad de una sólida perspectiva histórica y filosófica para comprender adecuadamente la física cuántica es uno de los mensajes centrales del profesor Bunge.

 

Conclusión


Bunge es uno de los pocos eruditos capaces de abarcar de manera competente disciplinas tan diversas como la física, la biología, la psicología, las ciencias sociales, la historia de la ciencia y la filosofía. Tal competencia interdisciplinar está hoy desapareciendo lentamente. Desde los años de licenciatura y doctorado, existen enormes presiones sobre los académicos para que se especialicen y, como dice el cliché, para que aprendan cada vez más sobre cada vez menos. Bunge considera que esto es una desgracia para el futuro de la ciencia ya que, entre otras cosas, limita gravemente la fertilización interdisciplinaria y los programas de investigación. Y es asimismo una desgracia para la educación científica desde la Educación Primaria hasta la Universidad, donde una serie de modas filosóficas y pedagógicas desfasadas --por ejemplo, el conductismo en los años 1960 y 70, y el constructivismo en los años 1980 y 90-- entorpecen, si es que no hacen descarrilar completamente, la enseñanza y el aprendizaje de los contenidos científicos.


Bunge insiste en que la falta de competencia interdisciplinaria es un obstáculo para la buena enseñanza académica de la ciencia. La interconexión de las diversas ramas de la ciencia se ha perdido, y asimismo se ignora ampliamente el rico impacto de la ciencia sobre la historia de la cultura. Diez años después de que Bunge naciera, se publicó un texto titulado Science Teaching para la preparación de los profesores de ciencias británicos, el cual llegó a ser muy popular. El autor, F.W. Westaway, había tenido formación científica y escrito varios libros sobre metodología e historia de la ciencia. Al inicio de su manual, Westaway caracterizó al buen profesor de ciencias como alguien que:


conoce su propio objeto de estudio... ha leído mucho sobre otras ramas de la ciencia... sabe cómo enseñar... puede expresarse con claridad... es hábil en la manipulación... es inventivo tanto en la pizarra de clase como en el laboratorio... es un lógico de los pies a la cabeza... tiene algo de filósofo... tiene tanto de historiador que puede sentarse con una multitud [de estudiantes] y hablarles sobre los intereses personales, las vidas y la obra de genios como Galileo, Newton, Faraday y Darwin. Más aún, es un entusiasta, lleno de fe hacia su propio trabajo.


Westaway tenía expectativas muy altas hacia los profesores de ciencias. Mario Bunge las compartiría.

Extraído de: http://materialismocritico.blogspot.com